Historia

El indicio más antiguo de la Hermandad se remonta al año 1665 en la parroquia de San Juan. Es el en siglo XVIII cuando se venera a una dolorosa de rodillas al pie de la cruz, con sus brazos abiertos y mirada de dolor perdida en el firmamento . Su iconografía es la de la Madre de Dios entre el sexto y séptimo dolor. Esta talla popularmente se atribuía al escultor granadino y afincado en Málaga, Pedro de Mena. Estudios posteriores dan la autoría de la imagen al escultor local y gran maestro del barroco, Fernando Ortiz.

Posteriormente la virgen recibe culto en el convento de la Trinidad. En el siglo XIX trasladan a la venerada dolorosa a San Pablo. Por aquel entonces era una ermita perteneciente a la iglesia de los Santos Mártires y estaba situada donde está la actual iglesia.  En el año 1833 el obispado la convierte en parroquia, para facilitar a los vecinos del barrio todos los trámites de bodas, bautizos y defunciones.

No se sabe exactamente cuando llega la dolorosa a la nueva parroquia, pero lo que sí está documentado en el Archivo Municipal, en la sección de hemeroteca, es que el 18 de abril, Viernes Santo del año 1851 Nuestra Señora de la Soledad sale por primera vez en procesión por las calles del barrio desde San Pablo, hasta la iglesia de la Trinidad, donde se le reza el salmo del Viernes Santo, volviendo a su parroquia por calle Mármoles. Esta procesión se realiza durante tres años consecutivos.

A finales del siglo XIX, se derriba la ermita para construir la actual iglesia, esta es más grande para poder cubrir la necesidad del gran crecimiento del barrio. Durante los años que duró la obra, la imagen de Nuestra Señora, al igual que todo lo que había en la antigua ermita, pasaron provisionalmente al convento de la Aurora María, hasta que en 1891 se terminan las obras del nuevo templo.

En el año 1918 se reorganiza la Hermandad por don José Peña Munsuri, ayudado por un grupo de comerciantes, donde hay muchos panaderos, ya que por aquel entonces era el negocio mayoritario del barrio.

La labor desarrollada por esos fervientes hermanos consigue los frutos deseados y en el año 1921, es una de las doce Hermandades que firman el acta de la fundación de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa. En ese mismo año, sale como Hermandad agrupada. Llama la atención el magnífico y completo cortejo procesional, nazarenos con túnicas azules, bordadas en plata, capas blancas y sandalias sobre calcetas blancas, otra característica es la cruz-guía que recuerda la estética neogótica del templo donde la Hermandad tiene su sede. Tras ella, una escuadra romana, que cada Viernes Santo acompaña a la Hermandad.

Desde el año 1921 hasta el 1931 ininterrumpidamente, la virgen de la Soledad tiene su cita con Málaga, saliendo del convento de la Aurora María, puesto que el trono de esta época era más ancho que las rejas de la parroquia de San Pablo.

En 1928, S.A.R el infante D. Jaime, presidió la procesión en la noche del Viernes Santo, concediéndole ese mismo año el título de Real, que ostenta la Hermandad.

En el año 1931, en la madrugada del 11 al 12 de mayo, un grupo de violentos derribó las puertas de la parroquia de San Pablo arrasando y quemando todo lo que allí dentro se veneraba. Dicen que arrastraron a la virgen desde su camarín hasta la ribera del río Guadalmedina, donde la tiraron hacia la misma puerta de la Aurora María, para romperla y así poder quemarla con mayor facilidad. No pudieron salvarla. Con ella desaparece prácticamente todo, pudiéndose salvar tan solo la cruz-guía y dos mazas pequeñas.

La devoción y entusiasmo de esos cofrades no se pierde y se crea La Pía Unión de devotos de la Virgen de la Soledad, con autorización canónica, teniendo como titular una fotografía de gran tamaño de la desaparecida imagen. En el año 1934, se encarga al escultor granadino José Martín Simón una talla recreada en la antigua virgen. Con el inicio de la Guerra Civil en 1936, los hermanos ocultan la imagen en el subterráneo de una casa del barrio. Cuando las turbas llegaron a San Pablo, tan solo encontraron el altar de la virgen vacío. En el año 1937 se vuelve a reconstruir la Hermandad, rescatando la obra que realizó Martín Simón, que durante todo ese tiempo estuvo escondida, pero el material con la que se realizó la escultura no era de madera noble y la humedad realizó los estragos que el fuego no pudo hacer, quedando totalmente destruida.

Una familia de la Hermandad, los señores de Ledesma y Ximénez de Enciso, ceden una dolorosa particular, obra del escultor malagueño del siglo XIX Gutiérrez de León, apodado «el viejo». En el Viernes Santo de 1939, procesiona por primera vez hasta la Semana Santa de 1944. Actualmente dicha imagen se puede contemplar en el Museo Casa-Hermandad, en su salón de tronos.

 

Sin embargo, se seguía añorando la iconografía de la desparecida en 1931. Eso hace que los hermanos en 1940 encarguen una nueva talla a un joven escultor local. Este novel imaginero se llamaba Pedro Moreira López. Era devoto de la Soledad y guardaba en su mente cada pliego de su manto, esos brazos abiertos, manos extendidas y esa mirada de madre desgarrada por la muerte de su hijo.

La Junta de Gobierno de la Hermandad, aprueba el boceto que presenta Moreira, pero la falta de medios económicos imposibilita la realización de la obra. Hasta que en el año 1944 la Hermandad da el visto bueno para que Moreira comience a realizar las hechuras de la virgen. El 19 de marzo de 1945, con una gran expectación se abren las puertas de San Pablo para poder ver la bendición de la dolorosa.

La Hermandad vuelve poco a poco a reconquistar su esplendor, y en 1949 tras solicitar el preceptivo permiso al señor obispo de la diócesis, el Excelentísimo y Reverendísimo don Balbino Santos Olivera, se incorpora la advocación del Santo Traslado de Cristo. Encargando la obra del grupo escultórico otra vez a Pedro Moreira López. Este presenta una iconografía de Jesús llevado en un sudario camino del sepulcro por José de Arimatea, José de Nicodemus y un pastor sacado de los apócrifos, llamado Stefanus. El grupo es bendecido el 19 de marzo de 1951, saliendo en esa Semana Santa.

Al incorporarse el nuevo grupo escultórico, se decide cambiar los colores de los hábitos de los nazarenos. La sección del Cristo, capirote y cíngulos burdeos, con túnica negra y los de la Virgen capirotes y cíngulos azul celeste también con túnicas negras, todos con botonaduras blancas y ambas secciones con sandalias, para no perder la estética e impronta de la Hermandad.

Desde el año 1958 se viene realizando un Piadoso Vía-Crucis en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, para entronizar a Nuestros Sagrados Titulares, leyéndose las estaciones por hermanos y simpatizantes de la Hermandad. Con la construcción de la actual Casa de Hermandad pasa el Vía-Crucis a la tarde-noche del Viernes de Dolores.

En ese mismo año de 1958 se realiza el trono de la virgen en los talleres de orfebrerías Hermanos Angulo de Lucena (Córdoba), siendo una autentica obra de arte de filigrana orfebrería, según diseño del académico de San Telmo, Don Luís Bono y Hernández de Santaolalla.

Ya en el año 1962 el tallista malagueño Pedro Pérez Hidalgo, realiza un trono en madera dorada, para Nuestro Señor. Presenta un diseño innovador en nuestra Semana Santa, con cuatro pebeteros en sus esquinas aromatizando con incienso el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo y al pie de ellos cuatro ángeles custodios.

El 23 de febrero de 2003 es bendecida la Casa-Museo de Hermandad, en calle Trinidad 72, justo en el corazón del barrio, dejando la pequeñita Casa que la Hermandad adquirió en calle San Quintín.

Hay otra fecha grabada en el corazón de los Hermanos, el 19 de febrero de 2010. El Cristo del Santo Traslado preside el Vía-Crucis de la Agrupación de cofradías, entrando por primera vez en la Santa Iglesia Catedral Basílica de la Encarnación.

Otra fecha de oro en la historia, es el año 2011, con la realización de un nuevo grupo escultórico que acompañan al Cristo de Moreira. Se encarga la obra al escultor veleño, Israel Cornejo, con imágenes de vestir, incluyendo a María Cleofás, María Salomé y María Magdalena, junto a José de Arimatea, José Nicodemo y Stefanus, también nuevos, sustituyendo a los antiguos.

Hasta el día de hoy la Hermandad es parte viva de su barrio y sus gentes, luchando por mantener con orgullo lo que nuestros antepasados nos legaron, mirando al presente con ilusión y al futuro con esperanza. Esta es la historia de una Hermandad que se ha hecho a sí misma, donde la fe es el centro de su día a día, es el testimonio de la devoción de un barrio por los Sagrados Titulares de la Corporación Nazarena.

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